Un dispositivo nuevo llega al mercado y, pocas semanas después, su fabricante reconoce un fallo. Miles de personas llevan años usando un modelo consolidado, así que puedes saber qué fallos han aparecido y cuáles han corregido los fabricantes. Un dispositivo recién lanzado carece de ese historial de uso. Puede que pagues menos al comprar el modelo consolidado, pero tenerlo durante años podría costarte más que tener uno nuevo.
El historial del modelo no sustituye una comprobación de la unidad que compras. En refurbed, reacondicionar un dispositivo significa que un profesional lo somete de nuevo a pruebas, lo limpia y lo pone a punto. Esa unidad solo te protege frente a un fallo de lanzamiento si se ha corregido en ella o si un profesional puede detectarlo mediante una prueba y la unidad la ha superado. Una etiqueta genérica que diga «probado» no demuestra nada sobre un fallo que nadie ha buscado. Si compras una unidad de ese modelo consolidado en lugar de un dispositivo nuevo y la conservas durante años, ahorras trabajo de fabricación y evitas emisiones de carbono.
Doce fallos documentados tras el lanzamiento muestran cómo surgen estos problemas, cuánto cuestan en materiales, emisiones de carbono y dinero, y qué conviene comprobar antes de comprar.
Los fallos que aparecen poco después del lanzamiento tienen causas distintas; no siempre se deben a un diseño hecho con prisas. Una correa de plástico puede agrietarse, un condensador montarse al revés y un sistema de refrigeración o un conector de alimentación sobrecalentarse. También puede fallar un lector de tarjetas o salir de fábrica una partida de dispositivos con menos unidades de renderizado de las previstas. Los doce casos documentados recogen todos estos problemas. Todos se refieren a dispositivos fabricados en serie que ya estaban a la venta y en manos de los clientes. No incluyen prototipos, unidades cedidas a medios para su análisis ni unidades de prueba.
Las pruebas previas al lanzamiento no detectan todos los fallos poco frecuentes. Supongamos que uno afecta a 1 de cada 10 000 unidades, es decir, al 0,01 %. Si la prueba siempre detecta ese fallo, examinar 10 000 unidades elegidas al azar da aproximadamente un 63 % de probabilidades de encontrar al menos una afectada. Con 30 000 unidades, esa probabilidad ronda el 95 %. Si se distribuyen diez millones de unidades, el mismo fallo llegará aun así a 1 000 dispositivos. Estos cálculos no reflejan la tasa real de defectos de ningún fabricante. Apple prueba cada año decenas de miles de prototipos de dispositivos, según su documento de 2024 sobre durabilidad. La cifra abarca toda la compañía; el documento no indica cuántos se prueban de cada modelo.
Para saber cuánto te afecta un fallo de lanzamiento, hay dos datos que es fácil confundir.
Tiempo desde el lanzamiento: indica cuánto lleva el modelo en el mercado. Cuanto más tiempo lleva a la venta, más probable es que se conozcan sus fallos y que se hayan introducido cambios en el diseño o la producción. Cada marca lanza nuevos modelos según su ciclo de lanzamientos.
Tiempo en uso: mide el uso y el desgaste de una unidad concreta.
Una unidad de un modelo lanzado hace dos años puede estar casi sin usar; una unidad devuelta de un modelo reciente, en cambio, puede acumular mucho uso. Por tanto, una unidad de un modelo consolidado no tiene por qué estar desgastada, ni una unidad antigua tiene necesariamente corregido su fallo de lanzamiento.
Estos doce casos se han seleccionado entre problemas documentados públicamente; no son una muestra representativa de todos los productos electrónicos. Las descripciones se ciñen a lo documentado por el fabricante o un organismo regulador. Los plazos indican el tiempo transcurrido entre el lanzamiento y la primera información pública sobre el problema, no cuándo falló cada unidad afectada.
Algunas soluciones pueden comprobarse en minutos: basta con identificar la revisión de un concentrador de ventiladores o comparar las unidades de renderizado de una tarjeta con sus especificaciones. Otras son más difíciles de evaluar. Una inspección breve no permite saber con fiabilidad hasta qué punto han estado sometidos a esfuerzos repetidos un conjunto de pantalla, una correa de plástico o una pantalla plegable.
La posibilidad de verificar la solución importa más que el tipo de producto o cómo lo describa el vendedor.
Dentro de un producto terminado, un cable cuesta poco. Cambiarlo es otra historia: hay que inspeccionar el producto, abrirlo, instalar un conjunto nuevo, cerrarlo y volver a probarlo. El material del cable solo representa una parte de la factura.
Un fallo presente desde el lanzamiento va sumando gastos. Primero, las piezas de repuesto; después, el trabajo de abrir, reparar, calibrar y probar el producto. La logística incluye la recogida, el embalaje, el transporte y el almacenamiento del producto devuelto, además de su nuevo envío. Los ingenieros necesitan tiempo para encontrar la causa y cambiar de proveedor o modificar una herramienta. Hay materiales que no pueden reutilizarse con seguridad. A ello se suman la atención al cliente, las compensaciones y el margen de beneficio perdido mientras las ventas están suspendidas. Cada pieza nueva exige, además, extraer y procesar más materias primas.
Para hacerse una idea de la escala, veamos un cálculo. Son costes hipotéticos en dólares estadounidenses, no cifras tomadas de las cuentas de ninguna empresa. Una reparación sencilla de hardware supone 3 $ en piezas, 17,50 $ en servicio y pruebas y 25 $ en logística: 45,50 $ por unidad. Las piezas solo representan alrededor del 7 % del total. Si el coste está entre 26 y 65 $ por unidad, reparar 10 000 unidades supondría entre unos 0,26 y 0,65 millones de dólares, antes de contar la ingeniería y las compensaciones.
Con los mismos supuestos, sustituir un módulo, una placa compleja o la unidad completa cuesta entre unos 65 y 1 010 $ por dispositivo. Cuánto se puede aprovechar del producto original depende de lo fácil que sea acceder al componente defectuoso y repararlo, y del tamaño del conjunto que haya que sustituir.
A modo de comparación, Counterpoint Research estimó, a partir de un desmontaje realizado en 2023, que las piezas de un iPhone 14 Pro Max de 128 GB costaban unos 464 $. Esta estimación independiente no incluye montaje, transporte, desarrollo ni beneficios, y tampoco indica cuánto cuesta una reparación.
Los avisos públicos y las cuentas de las empresas ofrecen algunas cifras concretas sobre dos de los fallos citados antes y un tercer caso, el dron GoPro Karma. Hay que tener en cuenta los límites de cada una.
Impresoras Bambu Lab A1: El aviso publicado en junio de 2024 por la Comisión para la Seguridad de los Productos de Consumo de Estados Unidos afectaba a unas 12 800 impresoras vendidas en ese país por entre 400 y 560 $. Sus propietarios podían elegir entre el reembolso y la sustitución de la cama calefactada y su cable. Según el peso publicado por el fabricante, 8,3 kg por impresora, las unidades incluidas en el aviso pesaban en conjunto unas 106 toneladas. Necesitaban una reparación, pero no se puede deducir de su peso cuánto material terminó como residuo. Si todos los propietarios hubieran aceptado un reembolso por esos importes, el total habría ascendido a entre 5,12 y 7,17 millones de dólares. Es un supuesto extremo, no una cifra de gasto real.
Placas base ASUS ROG Maximus Z690 Hero: El aviso público de retirada incluía unas 10 000 placas anunciadas a unos 600 $ cada una. Según el aviso, un condensador montado al revés podía provocar sobrecalentamiento o fundir componentes. Al precio anunciado, el valor de venta al público de todas ellas rondaría los 6 millones de dólares. Esa cifra no corresponde ni a su coste de producción ni al coste de la retirada.
Dron GoPro Karma: GoPro indicó en sus cuentas anuales de 2017 que los cargos por existencias y pedidos del Karma y sus accesorios redujeron su margen bruto en 180 puntos básicos, o 1,8 puntos porcentuales. Esa reducción, aplicada a unos ingresos de alrededor de 1 180 millones de dólares, equivale aproximadamente a 21 millones de dólares menos de beneficio bruto. La cifra da una idea de la dimensión económica del programa Karma. No equivale al coste de la retirada de noviembre de 2016 ni al total reembolsado, y tampoco indica cuánto material se destruyó.
No existe un conjunto de datos públicos que reúna el coste final, el destino de los materiales y el número de devoluciones completadas en los doce casos. Sumar los precios de los productos o el número de unidades afectadas daría una falsa sensación de precisión.
Algunos fallos generan residuos antes de que el dispositivo llegue al cliente. Los fabricantes miden el rendimiento de producción como la proporción de unidades que superan cada fase. El rendimiento a la primera cuenta las que superan una fase sin necesidad de rehacer trabajo; el rendimiento final puede ser mayor si se consiguen recuperar otras unidades. Ninguna de esas medidas es una tasa de fallos después de la venta.
Un cálculo sencillo muestra por qué importa ese rendimiento. Supongamos que cada intento de fabricación cuesta 500 $, que las unidades fallidas no tienen ningún valor y que el objetivo es obtener 100 000 unidades aptas. Con un rendimiento final del 98 %, hacen falta unos 102 041 intentos. Cada unidad apta cuesta 510,20 $, lo que añade alrededor de 1,02 millones de dólares al coste total. Con un 95 %, el coste por unidad apta sube a 526,32 $ y el sobrecoste total, a 2,63 millones. Con un 90 %, son 555,56 $ por unidad y 5,56 millones de sobrecoste. Son supuestos matemáticos, no rendimientos medidos en ninguno de los productos citados.
La proporción de unidades que pasan sin retoques disminuye a medida que se encadenan las fases. Si el 98 % supera cada una de cuatro fases, alrededor del 92,2 % las supera todas sin rehacer trabajo. Hay que decidir si el 7,8 % restante puede recuperarse o debe desecharse; no se convierte automáticamente en residuo. Una prueba final exigente también aumenta el número registrado de rechazos, aunque mejore los productos que salen de fábrica. Por sí sola, una cifra alta de rechazos no dice nada sobre los fallos que sufrirán los clientes.
Las cuentas reflejan costes, no kilogramos. En sus cuentas anuales de 2025, Intel informó de que sus provisiones por existencias eran 878 millones de dólares superiores a las de 2024, principalmente por cargos relacionados con productos fabricados durante las primeras fases de ampliación de la producción con su proceso Intel 18A. La producción inicial puede costar a un fabricante más de lo que obtiene por los productos resultantes, pero esa cifra no indica cuánto material se desechó.
Quienes reacondicionan se enfrentan al mismo cálculo: recibir 1 000 dispositivos devueltos no significa poder vender los 1 000.
La mayor parte de la huella ambiental de un móvil se genera antes de que lo enciendas. Según el informe ambiental de Apple de 2024, un iPhone 16 de 128 GB tiene una huella estimada de 56 kg CO₂e a lo largo de su ciclo de vida; alrededor del 80 % corresponde a la producción. Son unos 45 kg CO₂e asociados a fabricar una configuración concreta del modelo, no la huella de un móvil reacondicionado ni un valor aplicable a todos los smartphones.
El peso y el impacto ambiental no son lo mismo. Según un estudio sobre el ciclo de vida de los smartphones dirigido por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, las placas de circuito, los conjuntos de pantalla y los chips suponían alrededor del 75 % del impacto climático atribuido a los materiales del modelo de smartphone analizado. Ese porcentaje se refiere al impacto, no al peso.
En una reparación, importa más lo que se conserva que cuánto pesan las piezas. Sustituir el producto entero obliga a repetir todo ese trabajo de fabricación; cambiar una pieza accesible permite conservar el resto, aunque después se recicle la pieza retirada. Tomemos las 12 800 impresoras incluidas en el aviso de retirada: si el 60 %, es decir, 7 680 impresoras, necesitara una reparación y cada conjunto de repuesto pesara 1 kg, harían falta unas 7,7 toneladas de conjuntos nuevos. Sustituir por completo esas mismas impresoras requeriría unas 63,7 toneladas de impresoras nuevas. Ambas cifras se basan en supuestos. La diferencia, de unas 56 toneladas, muestra cuánto menos equipo nuevo haría falta si se conservara el resto de cada impresora; no mide emisiones de carbono.
El reacondicionamiento no recupera los recursos ya empleados en un lanzamiento defectuoso, pero permite volver a utilizar los equipos que quedan. Si además evita que más adelante haga falta fabricar una unidad nueva, ese es un beneficio distinto.
Los fallos de lanzamiento son solo una parte del problema de los residuos electrónicos. Según el Global E-waste Monitor 2024, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos; consta que el 22,3 % se recogió y recicló por vías formales. El informe no indica qué proporción se debió a fallos de lanzamiento. El reciclaje recupera parte de los materiales, pero reutilizar un producto conserva la placa de circuito y todo el trabajo invertido en fabricarla. Un artículo profundiza en la diferencia entre los residuos electrónicos que genera Europa y los que recicla; otro analiza dónde se producen las emisiones de un móvil a lo largo de su cadena de suministro.
Sí, de cuatro formas y con distintos grados de protección, aunque solo las dos primeras se centran en un defecto concreto.
Una corrección documentada: A la unidad se le ha instalado una placa, un cable o una carcasa revisados, o se le ha aplicado otra solución. Es la protección más sólida, siempre que la solución funcione.
Una prueba específica para el fallo: Sirve para detectar el defecto y enviar la unidad a reparar. Nvidia indica que, para comprobar si faltan unidades de renderizado, hay que contarlas y comparar el total con las especificaciones.
Un modelo que lleva tiempo en el mercado: Las alertas y los avisos de servicio del modelo ya son públicos; quizá puedas confirmar si se corrigió la producción. Las unidades nuevas de ese mismo modelo comparten la ventaja. El Galaxy Fold original de Samsung muestra por qué conviene esperar a una revisión comprobada: los fallos de abril de 2019 afectaron a unidades entregadas para su análisis antes de la venta al público, y la versión rediseñada modificó la protección de la pantalla y la construcción de la zona de la bisagra. Aquellos fallos iniciales no indican con qué frecuencia se averían los plegables en etapas posteriores de su vida útil.
El primer periodo de uso como filtro: Algunos fallos iniciales aparecen durante la primera etapa de uso. Sin embargo, las unidades que siguen funcionando acumulan desgaste y se desconoce su historial. El manual de fiabilidad del NIST describe los fallos iniciales, la etapa de vida útil y la de desgaste mediante la llamada «curva de la bañera». Esta curva ayuda a entender por qué ese filtro puede funcionar, pero no demuestra que todos los productos la sigan ni permite saber en qué punto se encuentra una unidad concreta.
En conjunto, una unidad corregida y sometida a las pruebas adecuadas puede tener menos probabilidades de presentar un fallo de lanzamiento conocido que otra sin corregir. Eso no significa que su riesgo total de avería sea menor que el de un dispositivo nuevo equivalente que también haya recibido la corrección. Tampoco hay estudios que demuestren que los reacondicionados sean más fiables en todos los casos. Los programas de reacondicionamiento certificado de los propios fabricantes enumeran pruebas funcionales, piezas originales cuando hacen falta y una garantía limitada. Esa lista describe lo que prometen, pero no aporta una tasa de fallos medida.
Superar una prueba es útil, aunque puede decirte menos de lo que crees. Supongamos que el 5 % de las unidades que llegan tiene un fallo concreto y que la prueba nunca descarta una unidad que no lo tenga. Si no detecta ninguna unidad defectuosa, el 5,00 % de las que superan la prueba sigue teniendo ese fallo. Si detecta la mitad de las defectuosas, el fallo sigue presente en el 2,56 % de las que pasan; si detecta el 90 %, la proporción baja al 0,52 % y, si detecta el 99 %, al 0,053 %. Son cifras ilustrativas, no tasas medidas en productos reacondicionados. Se refieren a un solo fallo justo después de la prueba, no a todas las averías que podrían aparecer más adelante.
Una etiqueta que diga «probado a fondo» solo aporta información sobre un fallo concreto si las pruebas pueden detectarlo. Una prueba de pantalla puede encontrar píxeles muertos, pero no permite saber si la pantalla resistirá años sin agrietarse. Encender un equipo no confirma que tenga el número especificado de unidades de renderizado, que su almacenamiento siga funcionando de forma estable bajo una carga prolongada ni que un cable interno relacionado con la seguridad esté en buen estado.
Superar una prueba bien diseñada tampoco despeja todas las dudas. Hazelwood y Pecht advierten en un artículo publicado en IEEE Access en 2021 de que puede desconocerse el historial de uso de un equipo y de que sus componentes pueden haber acumulado tensiones. También señalan las limitaciones de las comprobaciones que, durante el reacondicionamiento, solo dan un resultado de «apto» o «no apto». Cambiar la batería no elimina el desgaste acumulado en las soldaduras, los conectores, la pantalla y los chips. También conviene saber cómo se reparó: ¿se utilizaron las piezas adecuadas y se hizo bien el trabajo? ¿Se calibró y selló el equipo y se realizó una comprobación final?
La clasificación por estado estético tampoco responde a esas preguntas. Solo describe el aspecto; no permite saber si se aplicó la corrección exigida por una retirada ni cuánto desgaste acumulan los componentes internos. Los grados de estado explican qué abarca cada categoría.
Si el fallo afecta a la seguridad, es imprescindible documentar que se aplicó la solución: las pruebas funcionales habituales no la sustituyen. Si un producto devuelto está afectado por una retirada y aún no se le ha aplicado la solución, debe pasar por el proceso de corrección, no ponerse a la venta.
La mayor parte de los datos de esta sección procede de cuatro estudios, cada uno con sus limitaciones.
ADEME: La agencia ambiental francesa comparó productos reacondicionados con sus equivalentes nuevos y evaluó su impacto ambiental por año de uso. Según el estudio, ese impacto era entre un 64 y un 87 % menor para los smartphones reacondicionados, entre un 46 y un 80 % menor para las tabletas y entre un 43 y un 97 % menor tanto para los portátiles como para los ordenadores de sobremesa. Los intervalos abarcan distintos tipos de impacto ambiental y supuestos modelizados, pero excluyen la radiación ionizante. No indican una reducción de la huella de carbono que pueda aplicarse en cualquier lugar. En un resumen de 2022, ADEME también estimó el ahorro por cada año de uso de un dispositivo reacondicionado. Para un smartphone, calculó unos 76,9 kg menos de materias primas extraídas y una reducción del impacto climático de unos 24,6 kg CO₂e. Para una tableta, unos 80 kg menos de materias primas extraídas y una reducción del impacto climático de unos 20 kg CO₂e. Para un portátil, unos 127 kg menos de materias primas extraídas y una reducción del impacto climático de unos 27 kg CO₂e. Son ahorros estimados para las fases anteriores al uso del dispositivo, no mediciones de su peso.
Fraunhofer Austria: Un estudio de 2023 encargado por refurbed estimó una huella de carbono de unos 72 kg de CO₂ para el iPhone 11 nuevo y de unos 15,7 kg para el reacondicionado, alrededor de un 78 % menos. El cálculo procede de un modelo; no es una auditoría de una oferta o una compra concretas.
Centro Común de Investigación: Un estudio del ciclo de vida dirigido por este organismo de la Comisión Europea concluyó que, en los escenarios europeos modelizados, conservar un smartphone tres años en vez de dos reduce su huella de carbono entre un 23 y un 30 %. El beneficio era mayor cuando cada dispositivo reutilizado sustituía a uno nuevo.
Estudio publicado en enero de 2026 en Communications Earth & Environment: A partir de encuestas realizadas en Estados Unidos, estimó que cada smartphone de segunda mano vendido sustituía, de media, 0,40 ventas de dispositivos nuevos. También calculó que las pautas de compra y uso que mantienen los smartphones en circulación tenían una huella de carbono anual un 34 % menor. Los periodos de uso más cortos anulaban casi la mitad del beneficio potencial. Son estimaciones sobre smartphones de segunda mano en Estados Unidos, no cifras aplicables a cualquier lugar.
Una revisión de quince estudios publicada en 2026 en el Journal of Remanufacturing encontró beneficios ambientales importantes, pero los trabajos no abarcaban todos las mismas etapas de la vida del dispositivo. Siete no incluían el impacto durante su uso. refurbed explica su propio enfoque en la página de sostenibilidad.
Un dispositivo reacondicionado solo evita el impacto de fabricar uno nuevo si se compra en lugar de uno nuevo. No todo el mundo habría comprado un dispositivo nuevo: por eso, de media, cada compra de un dispositivo reacondicionado sustituye menos de una compra nueva. Pongamos cifras redondas: fabricar y entregar un equipo nuevo genera 100 kg CO₂e; reacondicionar uno, 10 kg CO₂e. El impacto de ambos durante el uso es el mismo. Si el reacondicionado sustituye la compra de uno nuevo, evita 90 kg CO₂e. Si, de media, sustituye la mitad de una compra nueva, evita 40 kg CO₂e. Con una tasa de sustitución de 0,4, evita 30 kg CO₂e; con 0,2, evita 10 kg CO₂e; con 0,1, no evita nada. Si no sustituye ninguna compra nueva, añade 10 kg CO₂e.
La cifra de 0,4 procede de una estimación estadounidense de 2026 sobre móviles de segunda mano. Aquí se utiliza como una posible tasa de sustitución para el cálculo, no como una regla válida para todos los productos.
Los años que dure un dispositivo pueden influir en el cálculo tanto como el hecho de que sustituya una compra nueva. Si un equipo nuevo tiene un impacto ambiental total de 100 unidades a lo largo de cuatro años de uso, equivale a 25 unidades al año. En el caso de un reacondicionado con un impacto total de 20 unidades, son unas 6,7 unidades anuales si se usa durante tres años; 20 si se usa un año, y 40 si se usa seis meses. Para que su impacto anual sea inferior a las 25 unidades del equipo nuevo, el reacondicionado debe durar algo más de 0,8 años. Esta comparación no tiene en cuenta las diferencias entre ambos dispositivos en cuanto al impacto ambiental durante su uso.
ADEME advierte de que un portátil reacondicionado puede tener más impacto ambiental que uno nuevo utilizado durante cinco años si para ponerlo a punto hay que cambiar la pantalla, la memoria y el almacenamiento por piezas nuevas, pero su vida útil solo se prolonga un poco.
En los dispositivos que consumen mucha energía también hay que contar el impacto de la electricidad que utilizan. Un ordenador, una tarjeta gráfica o una impresora que consuma 40 W más durante 3 000 horas gastará 120 kWh adicionales. A razón de 0,05 kg CO₂e por kWh, eso supone 6 kg CO₂e más; con 0,40 kg CO₂e por kWh, 48 kg CO₂e; y con 0,80 kg CO₂e por kWh, 96 kg CO₂e. Las emisiones asociadas a la electricidad varían de un país a otro, así que estos ejemplos no se basan en un país concreto.
Hay otros dos casos en los que el beneficio puede desaparecer. Comprar un reacondicionado como dispositivo de repuesto porque resulta asequible añade impacto ambiental, pero apenas evita fabricar uno nuevo. Un dispositivo guardado en un cajón no se utiliza. Si el que ya tienes cumple su función, conservarlo es la opción de menor impacto. El argumento ambiental es más sólido cuando el reacondicionado sustituye la compra de uno nuevo y se utiliza durante años.
Compara el reacondicionado con un dispositivo nuevo que se venda actualmente y sirva para lo mismo. Usa los precios de hoy, no el que tenía el modelo nuevo cuando salió. Para saber cuánto te cuesta tenerlo, parte del precio de compra. Suma los gastos en batería, piezas, reparaciones y energía, además del coste del tiempo sin poder utilizarlo y del esfuerzo de resolver posibles problemas. Por último, resta lo que recuperes al venderlo.
Veamos un ejemplo con cifras redondas para cuatro años: un dispositivo nuevo comparable cuesta 100 unidades.
Dispositivo nuevo: Pagas 100 por él y 3 en reparaciones. El tiempo sin poder utilizarlo cuesta 2 y, al venderlo, recuperas 20. Tenerlo te cuesta 85 en total.
Buena oferta en un reacondicionado: Pagas 60 por él, 5 por una batería o piezas y 5 en reparaciones. El tiempo sin poder utilizarlo cuesta 3 y, al venderlo, recuperas 10. El coste total es 63, alrededor de un 26 % menos que el del dispositivo nuevo.
Caso intermedio: Pagas 70 por él, 8 por una batería o piezas y 5 en reparaciones. El tiempo sin poder utilizarlo cuesta 3 y, al venderlo, recuperas 10. El coste total es 76, alrededor de un 11 % menos que el del nuevo.
Oferta poco ventajosa: Pagas 85 por él, 8 por una batería o piezas y 7 en reparaciones. El tiempo sin poder utilizarlo cuesta 4 y, al venderlo, recuperas 10. El coste total es 94, alrededor de un 11 % más que el del nuevo.
Un precio de compra un 30 % inferior puede suponer un ahorro total de solo un 11 %; con un descuento menor, el ahorro puede desaparecer por completo. Son ejemplos, no descuentos, tasas de reparación ni valores de reventa observados.
En lugar de fijarte en un porcentaje de descuento, calcula el precio máximo que te compensa pagar. En el caso intermedio, reservas 8 unidades para la batería o las piezas, 5 para reparaciones y 3 para el tiempo sin poder utilizarlo. Si restas las 10 unidades que recuperas al venderlo, los costes aparte de la compra suman 6. Para igualar el coste del dispositivo nuevo, puedes pagar como máximo 85 menos 6, es decir, 79, por el reacondicionado. Si pagas 70, ahorras 9 unidades. Si la energía, las reparaciones o el tiempo sin equipo suman otras 10, ese máximo baja a 69. Y si el reacondicionado dura tres años en vez de cuatro, su coste de 76 supone unos 25,3 al año, frente a los 21,3 al año del dispositivo nuevo, cuyo coste total en cuatro años es de 85.
Los precios reales de reparación muestran lo rápido que puede desaparecer un descuento. En una evaluación de impacto de 2023, la Comisión Europea analizó una muestra de los precios que cobraban los fabricantes originales por reparar smartphones. Cambiar la batería costaba alrededor del 14 % del precio medio de un móvil nuevo; cambiar la pantalla, alrededor del 42 %. Si ahorras un 30 % al comprar y pagas tú el cambio de batería, el ahorro se reduce a aproximadamente el 16 % del precio del dispositivo nuevo. Si en su lugar pagas el cambio de pantalla, acabas gastando alrededor de un 12 % más que el precio del nuevo. Estas cifras no incluyen el valor de reventa, la cobertura ni los costes de uso.
Una garantía hace que el vendedor asuma determinados costes si surge un problema; no reduce la frecuencia de los fallos de hardware. Una batería sustituible, la disponibilidad de piezas y un periodo largo de actualizaciones de software ayudan a determinar cuánto tiempo seguirá siendo útil el dispositivo.
Para comprar con criterio no basta con que el equipo tenga buen aspecto y el botón de encendido funcione. Proponemos unos criterios de compra, no una lista de comprobación que se utilice en todas las certificaciones. El vendedor debería poder darte la siguiente información.
La regla es sencilla: compra si se ha resuelto el fallo conocido, se han comprobado las funciones esenciales, al equipo le queda suficiente vida útil y su coste total sigue compensando. Una lista larga de pruebas no sirve de mucho si no son pertinentes o no se hacen bien.
Las comprobaciones más importantes cambian según el producto.
El desgaste estético y el funcionamiento son cuestiones distintas. Aceptar marcas de uso puede reducir el precio y mantener más materiales en uso, siempre que el equipo haya pasado las mismas pruebas y ofrezca la misma seguridad y cobertura que otro sin esas marcas. La clasificación por estado estético solo describe su aspecto.
En refurbed, quienes reacondicionan someten todos los dispositivos a pruebas antes de venderlos. Puedes consultar cómo se realizan las pruebas y qué abarcan.
En definitiva, elige un modelo que lleve tiempo en el mercado y cuyos fallos conocidos se hayan resuelto. Busca una unidad cuyo historial puedas comprobar, con pruebas pertinentes y una cobertura útil. Ten en cuenta el coste de la batería y de las posibles reparaciones, y conserva el equipo el tiempo suficiente para aprovechar lo que ya se invirtió en fabricarlo.
¿Son más fiables los dispositivos reacondicionados que los nuevos?
No necesariamente. Una unidad en la que se ha corregido un fallo de lanzamiento y que se ha probado para detectar ese defecto puede tener menos probabilidades de sufrirlo. Pero ningún estudio demuestra que los reacondicionados sean más fiables en general, y el uso previo añade desgaste. Comprueba qué pruebas se le han hecho a cada unidad.
¿Conviene esperar antes de comprar un modelo recién lanzado?
A menudo, sí. En los doce casos documentados, los fallos se hicieron públicos entre unas dos semanas y cuatro meses después del lanzamiento. Las soluciones llegaron más tarde. Un modelo consolidado con la corrección ya aplicada es la compra más segura. El ciclo de lanzamientos te indica cuándo llega el siguiente modelo de cada marca.
¿Comprar reacondicionado reduce las emisiones de carbono?
Sí, si sustituye una compra nueva y lo conservas durante años. La agencia francesa ADEME halló que, por año de uso, el impacto ambiental de los smartphones reacondicionados era entre un 64 y un 87 % menor que el de los nuevos. Comprar un equipo de repuesto o utilizar el reacondicionado durante poco tiempo reduce el ahorro.
¿Qué se ha comprobado en un reacondicionado con la etiqueta «probado»?
Solo lo que abarcan las pruebas. Pregunta qué funciones se han comprobado, si se ha buscado el fallo conocido del modelo o se ha aplicado la solución, y en qué estado está la batería. Encenderlo no permite detectar un defecto que aún no ha dado señales. Por eso conviene comparar las pruebas de calidad que respaldan cada oferta.
Un modelo que lleva tiempo en el mercado es una compra más segura si se ha corregido el fallo conocido y puedes comprobar la unidad que vas a comprar. Explora los smartphones reacondicionados y probados, y elige uno que tengas pensado conservar.
refurbed pone en contacto a compradores con vendedores que dan una segunda vida a dispositivos electrónicos que siguen funcionando. Esa labor le valió el premio TRIGOS 2022 a la responsabilidad empresarial en la categoría Social Innovation & Future Challenges y el ESG Innovation Award en los Business & Finance ESG Awards 2023.
Cada dispositivo ha sido reacondicionado por expertos y cuenta con una garantía de al menos 12 meses. El plazo de 30 días para solicitar la devolución del dinero te da tiempo para hacer las comprobaciones pertinentes en la unidad que recibas.
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